¿Qué hacer cuando la música se para? Esa es la pregunta que en estos últimos años, muchos/as empresarios/as y consejos de administración se han hecho en nuestro país, bien por el impacto de la crisis en el consumo, en la dificultad de financiación externa -sobretodo bancaria-, de la caída de todo un supersector de actividad económica como era el inmobiliario, o directamente, debido a la gestión poco responsable -lo vamos a dejar aquí- de los recursos de la empresa.

En ocasiones ocurre que hay que parar. Sentarse y mirar alrededor de la situación de la empresa. Realizar un barrido inicial y ver qué ha ocurrido exactamente. Lo normal es que se realice un informe económico en el que se expliquen exactamente unas 6W del caso. Cuando se tiene, puede ocurrir que la situación sea tan insostenible en materia financiera que la empresa ya no pueda pagar sus deudas. Aparece entonces la figura del concurso de acreedores como la guía que señala el camino.

El concurso de acreedores es un recurso que tienen las compañías cuando financieramente entran en crisis y ya no pueden hacer frente al conjunto de deudas/pagos. Este concurso tiene carácter voluntario cuando lo solicitan los dueños de las compañías y forzoso cunado lo solicitan uno o varios acreedores.

El objetivo principal del concurso de acreedores estriba en ordenar la compañía y estudiar todas las posibilidades para garantizar su supervivencia.

El concurso de acreedores suele beneficiar al grupo empresarial afectado y las dos ventajas más importantes del mismo estriban en que permite al grupo operar con normalidad y permite al equipo gestor seguir al frente de la compañía, al mismo tiempo que se flexibilizan los plazos y las condiciones en las que la compañía debe devolver su deuda.

Un concurso de acreedores suele ser una mala noticia para los acreedores, ya que las entidades financieras que prestaron dinero a la empresa ya no cobran las letras de sus créditos en las fechas de vencimiento que tenían previstas. También es significativo el impacto para las cuentas de los bancos, ya que cuando se decreta el concurso de acreedores, están obligadas a cubrir con dinero al menos un 25% del crédito concedido.

Cómo se desarolla un concurso de acreedores

Para tomar las riendas de la compañía en el transcurso del concurso, un juez nombra a los administradores concursales. Además se suelen nombrar a tres administradores, generalmente a un abogado, a un economista y al representante de los acreedores.

Dependiendo del estado de salud de cada empresa, el mismo un tiempo u otro, pero normalmente los administradores suelen tardar en emitir un informe sobre la situación de la compañía entre 2 y 3 meses. Tras esto, llega el momento de decidir si la empresa se liquida, cuando no tiene solución, o si se establece un convenio para sacarla adelante.

En este convenio se incluye un plan de viabilidad y un plan de pagos. Es muy frecuente que los bancos acepten reducciones de la deuda de hasta el 50%. Otra ventaja tras declararse el concurso estriba en que no pueden iniciarse ejecuciones judiciales ni extrajudiciales, ni seguirse apremios tributarios o administrativos contra el patrimonio de la empresa que ha solicita el concurso. Por último en caso de éxito, los primeros en cobrar son los empleados, después las administradores públicas, le siguen las entidades financieras y por último los proveedores.

Son situaciones delicadas a las que hay que hacer frente con totales garantías, tanto si se está en la parte insolvente, es decir, la afectada de forma activa, como si se está en la parte afectada pasiva (acreedor, trabajador). Varios miembros de nuestro equipo tienen experiencia en el asesoramiento de este tipo de situaciones, en las que se requiere un dominio absoluto de la legislación, fundamentos empresariales, económicos y financieros. En otras palabras: ser el faro de referencia.

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