«El hombre se precipita en el error con más rapidez que los ríos corren hacia el Mar». Voltaire.

Hay un elemento clave en el management del que parten todas las decisiones: perspectivas. Bien a través de datos, bien a través de tendencias, bien a través de sensaciones –aunque este último foco no sea, ni riguroso, ni por supuesto, recomendable-. Las perspectivas de crecimiento o evolución de una organización arrojan resultados, sustento para avanzar hacia una dirección u otra. Decidir si se diversifica una línea de negocio, se produce una ampliación de capital, se cancela el trabajo en una delegación o se convoca un anuncio de empleo, son algunos de los ejemplos de ese proceso de reflexión solventado con respuestas que pretenden ser objetivas, concretas, y por ende, efectivas.

En este juego de variables exactas incluíamos antes las sensaciones. El motivo es porque las empresas, programas de cálculo informáticos, informes de ejecución o referencias teóricas a un lado, están dirigidas por seres humanos, y en ellos, entran en juego las percepciones, análisis, interpretación, y evidentemente, un punto irracional -no nos referimos al ilógico de momento- para la toma de decisiones. Es por ello por lo que en muchas ocasiones, en vista de ciertos indicativos, muchos responsables de medianas empresas, después de observar los buenos balances económicos de sus negocios, se deciden por dejar atrás el mundo de la pyme para dar el salto al de gran empresa. 

Ahora bien, ¿es acertado? ¿saben bien lo que significa? Presuponemos que se cuenta con un basto y profundo análisis, pero en ocasiones… puede que haya estado fundamentado por sensaciones. Vamos con referencias objetivas.

Un cambio más profundo que la denominación

Dar el salto de la condición de pequeña y mediana empresa supone acometer un estudio previo integral de cada factor área y aspecto del negocio y empresa – sí, aquí sí que debemos hablar del modo en el que la empresa obtiene ingresos en base a su actividad, así como también de su condición mercantil-. Y es que este cambio aplica al modo en el que se resuelven los procedimientos de financiación -como hablábamos en nuestra anterior entrada-, el modo en el que se debe tramitar su contabilidad o su condición tributaria, entre otras obligaciones fiscales.

Partiendo de la base de que toda gran empresa está obligada a auditar sus cuentas anuales, hay que señalar además que deberá responder a ciertos aspectos durante períodos consecutivos de dos años. Según el Plan General de Contabilidad español, es de obligado cumplimiento que las grandes compañías alcancen varios objetivos a la hora de constituirse como tales, como:

– Que el activo supere los 2,85 millones de euros.
– Que el importe neto de su cifra anual de negocios sea superior a 5,7 millones de euros.
– Que la plantilla media en un año llegue a 51 personas.

Desde el punto de vista contable, pasar de pyme a gran empresa tiene algunas particularidades. Para empezar, las reglas de valoración ya no están simplificadas y los modelos tributarios son más complejos. En lo que respecta al IVA, una compañía se considera gran empresa si su volumen de operaciones en el anterior año es superior a 6 millones de euros. Las grandes empresas están obligadas a presentar la liquidación del IVA con periodicidad mensual en vez de trimestral.

Por otro lado está Hacienda, que cambia este criterio para determinar si una determinada sociedad es gran o mediana empresa. El límite es de 10 millones de euros en el importe neto de la cifra de negocios. En el caso de que varias compañías estén integradas dentro de una matriz o grupo, se tendrán en cuenta los resultados consolidados del conglomerado. Recordamos, además, que el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, recientemente aumentó el tipo impositivo de los pagos fraccionados al Impuesto de Sociedades -adelantos trimestrales del IS a Hacienda- al 23%, por lo que hay que contar con una planificación adicional para no caer en costes financieros o renuncias a la tesorería por este hecho.

Impacto positivo

Evidentemente,  existen otros efectos en este cambio que son positivos en el surgimiento de grandes empresas. Y no nos referimos sólo al consejo directivo que la forme, sino al impacto que genera en el resto de agentes implicados. Para empezar, es evidente que una empresa decide dar el salto en vista de los ingresos que obtiene, por lo tanto, ya encontraremos que su ecosistema -aunque esto lo cogemos con pinzas, debido a la óptica glocal que impera actualmente- obtendrá un aumento significativo de la demanda, que generará más empleo, más cotizaciones… es decir, que la rueda girará con más fuerza.

Siguiendo con la idea del impacto, de puertas para adentro, generarán un empleo considerable, llegando incluso a ser reclamos o interés de ciertas localizaciones para posibles nuevas sedes o delegaciones. No olvidemos que cuando hablamos de empleo, hablamos del salario bruto, las cotizaciones, el material invertido ad hoc para realizarlo, los cánones de amortización de tales equipos, los tributos de los costes directos, entre todos los ítems que analizaríamos, por ejemplo en una auditoría.

En cuanto a capacidad comercial, es evidente también que una gran empresa tiene mayores facilidades para realizar economías de escala. Ésta, se define como la caída del coste medio de un producto por unidad, a medida que la escala de la producción aumenta. Dicho de otro modo: más competitividad a través de los precios, debido a que se tiene más capacidad de producción. Si además, hablamos del impacto que genera en el talento corporativo, en este caso, también es lógico señalar que una gran corporación puede atraer más talento -también puede darle soporte- que una micropyme sin posibilidades de contratación (aclaramos que en esta entrada no entraremos en dónde se puede retener más).

Asesoramiento necesario

Por motivos obvios, no hemos podido desgranar todo este asunto con la suficiente profundidad que requeriría, eso sí, queríamos aportar varias ideas principales necesarias, para que si finalmente, estás pensando en dar el salto de pyme a gran empresa, te plantees, al menos, los siguientes puntos clave:

– La importancia de la auditoría anual obligatoria.
– El modo en el que tributan y liquidan sus impuestos (mensual vs trimestral).
– La modificación contable necesaria en su cálculo y gestión diaria.
– Los cambios en los pagos fraccionados del Impuesto sobre Sociedades.
– El apartado laboral (tributos, régimenes SS, convenios…).

En Verum Management somos especialistas en el asesoramiento integral empresarial, es decir, aspectos contables, fiscales y laborales, además de gestionar inversiones, reestructuraciones empresariales y otras operaciones para sociedades y particulaes.

Hemos trabajado con multitud de compañías que en el momento oportuno, han decidido agrandar su condición en materia legal y tributaria con éxito. Avanzamos: no es cualquier cosa. Se trata de una operación importante, por lo que nuestro trabajo se basará en el estudio minucioso de todos los factores a tener en cuenta, para que así «las sensaciones» queden en un segundo plano. Contacto: info@verumasesores.com

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